miércoles, 27 de diciembre de 2006

Lo squartatore di New York (Lucio Fulci, 1982)

Título internacional: The New York Ripper
Título en Argentina: El descuartizador de Nueva York
Origen: Italia
Duración: 93 minutos
Guión: Lucio Fulci, Dardano Sacchetti, Gianfranco Clerici y Vincenzo Mannino
Fotografía: Luigi Kuveiller
Montaje: Vincenzo Tomassi
Música: Francesco De Masi
Producción: Fabrizio de Angelis
Elenco: Jack Hedley, Paolo Malco, Almanta Suska, Howard Ross, Andrea Occhipinti, Alexandra Delli Colli
Editada en Argentina por Transeuropa Video Entertainment (VHS) y SBP (DVD)
Links de descarga:
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Bajar en HD (1080p)
Subtítulos en castellano
Entrada en imdb
Nota sobre Lucio Fulci en Senses of Cinema

Puntaje: 9


Para quienes nunca vieron una película de Lucio Fulci (aunque varios de ustedes supongo habrán visto por lo menos La casa cercana al cementerio en VHS en los 80), empezar con esta en particular puede ser todo un desafío que tal vez haga que no quieran ver ningún otro film del incomprendido director italiano Lucio Fulci, pero si no les gusta igual intenten ver otras películas de él, ya que su estilo, hasta cuando trabaja dentro del género de terror, varía película a película. Este es un film muy terrible y sórdido. Si bien otras películas de Fulci con toneladas de gore pueden resultar divertidas, El descuartizador de Nueva York no da para reirse. Sí, al comienzo puede resultarles gracioso el hecho de que el descuartizador en cuestión hable como el pato Donald, pero luego, dado el tono sombrío de la película, termina resultando tan tétrico como el resto.

El comienzo de El descuartizador... no sólo es antológico, sino que 1) es todo un ejemplo de cómo el uso del zoom puede resultar beneficioso para lograr el efecto desesado (en este caso el factor de shock), y 2) prefigura el comienzo de Blue Velvet de David Lynch. En él, un viejito le está tirando un palo a su perro para que éste lo vaya a buscar. Y de repente, en uno de los tiros, el perro trae algo que, por la cara que pone el viejito, no se trata precisamente de un palo. Fulci hace zoom sobre la cara aterrada del viejito hasta llegar a un plano detalle de sus ojos. Luego, por corte, se nos revela que lo que tiene el perro en la boca es ni más ni menos que una mano humana. Zoom hasta plano detalle de la mano, la imagen se congela y llegan los títulos, con una musiquita medio funky-jazzera que sí, está muy fechada, pero que igualmente funciona. Más aun funcionan los típicos efectitos de sintetizador, algo tan común en el cine de terror italiano, que en este caso realmente meten miedo.

Pero más allá de estos detalles, no se trata aquí de una película de terror. Es más bien uno de los giallos más extremos que hayan salido de Italia (y tal vez el policial más extremo jamás realizado). Es una película completamente angustiante; Fulci jamás fue tan pesimista y tan poco irónico como en esta película. La Nueva York que pinta Fulci es una ciudad donde las mujeres no pueden vivir tranquilas ni hacer lo que quieren; siempre va a haber algo que las atormente o que directamente acabe con sus vidas. Las calles de Nueva York son un peligro constante, más aun para las mujeres. Muchos han tratado a El descuartizador... como un film misógino, pero no hay nada más alejado de eso. Y esto se ve en el tono de la película, en la forma en que filma los asesinatos, que son escesivamente gráficos, especialmente uno en el que el descuartizador corta a una mujer con una hoja de afeitar. En aquella escena, Fulci registra con lujo de detalle cómo la hoja pasa por todo el cuerpo de la chica, haciendo planos detalle en el momento en que la hoja le corta el pezón y un ojo. Es una escena terrible, y si bien puede resultar sensacionalista y sería fácil decir que Fulci se regodea con todo esto, el tono de la película da cuenta de que lo que está haciendo Fulci es mostrar los extremos a los que puede llegar un ser humano. Esa escena (y la película entera), parece más un grito de ayuda que pura "explotación".

La película está llena de momentos impactantes no sólo en las secuencias de asesinatos. En un momento vemos a una niña enferma terminal en una cama de hospital, con una pierna y un brazo amputados, con unas ojeras terribles y una expresión de resignación que realmente resulta muy angustiante.

Como en la mayoría de las películas de Fulci y de varios de sus compatriotas que se dedican al terror, lo que menos importa aquí es lo narrativo. Es en la fuerza de las imágenes donde se encuentran los grandes méritos de la película, y la visión de Fulci sobre el mundo, que es pura desesperanza. Varias escenas aquí son un prodigio de la puesta en escena (esto va para quienes creen que Fulci no sabía filmar). La mejor de ellas es sin duda el intento de asesinato de la única víctima que sobrevive, que se conecta con un supuesto sueño de ella en el que ve a su propio novio cortándole la garganta. El plano del tipo moviendo su cuchillo de un lado a otro de la pantalla (la película fue filmada en formato scope; verla en cine debió haber sido una experiencia increíble) es una imagen difícil de borrar de la mente de uno. El descuartizador de Nueva York es una película odiada por casi todo el mundo. Ni siquiera los fanáticos del gore la quieren, debido seguramente a la angustia que genera. Pero es una de las películas más personales de este gran director.


Trailer:



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