Título internacional: House With the Windows That Laugh/The House With Laughing Windows
Origen: Italia
Duración: 110 minutos
Guión: Pupi Avati, Antonio Avati, Gianni Cavina, Maurizio Costanzo
Fotografía: Pasquale Rachini
Montaje: Giuseppe Baghdighian
Música: Amedeo Tommasi
Producción: Antonio Avati, Gianni Minervini
Elenco: Lino Capolicchio, Francesca Marciano, Gianni Cavina, Giulio Pizzirani, Vanna Busoni, Andrea Matteuzzi Link de descarga Subtítulos en castellano Entrada en imdb
Puntaje: 10
Otra de las incursiones de Pupi Avati en el género de terror es también su mejor película, por no decir que es una de las mejores películas de todos los tiempos. Es increible cómo con nada este tipo puede hacer algo tan gigantesco. Al igual que Il profumo della signora in nero, obra maestra de Francesco Barilli que descubrí hace días nomás, La casa dalle finestre che ridono (es increíble la longitud de los títulos de giallos de los ’70; otros ejemplos: Perché quelle strane grocce di sangue sul corpo di Jennifer?, Rivelazioni di un maniaco sessualeal capo de la squadra movile e I corpi presentano tracce di violenza carnale, por decir sólo algunos) tiene un ritmo pausado y va en un crescendo hasta llegar a un final inolvidablemente perturbador. De hecho, también, al igual que la película de Barilli, se aleja muchísimo de los giallos convencionales de la época. Avati, como lo haría más adelante en Zeder, construye su propio universo, un universo perfecto y cerrado en sí mismo, y narra de manera clásica, sin las incoherencias tan propias del cine de terror italiano. Lo que la hace superior a Zeder es que aquí, si bien no todo se resuelve y algunas cosas quedan para la imaginación del espectador, la película no deja cabos sueltos.
El comienzo de la película es altamente aterrador, y hace pensar que lo que veremos a continuación va a seguir en esa línea. En él, vemos una imagen granulada y en sepia de un hombre siendo apuñalado una y otra vez. Los movimientos del hombre en ese plano son muy extraños, como si la escena estuviera proyectada al revés (lo cual es altamente posible), y encima la escena está ralentada. Lo que escuchamos en ese momento es una música muy lúgubre que hiela la sangre, mientras se oye algo que parece una especie de ritual macabro, que va a repetirse más adelante en la historia. Pero luego de este perturbador comienzo, la película toma un rumbo completamente diferente a lo que promete. Avati se toma su tiempo en desciribir a los habitantes del pueblito donde transcurre la película, al que llega nuestro héroe, Stefano (Lino Capolicchio), para restaurar una pintura de la iglesia del pueblo, que había sido realizada por un hombre a quien solían llamar “el artista de la agonía” por su tendencia a pintar gente que está apunto de morir. Es muy obvio que los habitantes ocultan algo, y Stefano se interesa en saber qué, más aun cuando empieza a recibir llamados anónimos diciéndole que se vaya del pueblo y no toque la pintura de la iglesia.
Decía que al empezar la película toma un rumbo diferente al esperable luego de semejate secuencia de títulos. Y ese es otro de los grandes méritos de la película. Uno nunca sabe lo que va a ocurrir en la escena siguiente. Esa imprevisibilidad que recorre a la película entera la hace todavía más angustiante, y Avati nos sorprende escena a escena. A Avati no le interesan las fórmulas; si bien la película mantiene un tono de policial hasta llegar al desorbitado final, nunca se rinde ante sus convenciones. Y es así como La casa... se las arregla para que, a pesar de estar narrada de manera pausada, uno nunca pierda el interés.
Salvo al comienzo y al final, no hay sangre en la película; todo es puro clima y atmósfera. Tampoco hay sustos baratos ni nada que se le parezca. La casa... da mucho miedo, pero esto Avati lo logra mediante toques sutiles, aumentando cada vez más el misterio sin recargar las tintas (salvo en el final, como dije). Y es una de esas películas que da placer ver; de una increible belleza en cada uno de sus encuadres y sus decisiones de puesta en escena. Avati suele renegar de sus incursiones dentro del género, pero la verdad no entiendo por qué. Tanto Zeder como La casa... son películas únicas dentro del género y dentro de su filmografía, y demuestran que el tipo conoce mucho del tema. La casa..., en especial, es una obra maestra del cine de terror, a pesar de ir completamente a contramano de lo que se suele hacer con este tipo de cine. Muestra a un director que con pocas pero poderosas armas puede lograr crear un universo pesadillesco y a la vez hermoso.
Título internacional: Revenge of the Dead
Título en Argentina: La venganza de la muerte
Origen: Italia
Duración: 95 minutos
Guión: Pupi Avati, Antonio Avati y Maurizio Costanzo
Fotografía: Franco Delli Colli
Montaje: Amedeo Salfa Música: Riz Ortolani
Producción: Antonio Avati, Giuseppe Minervini y Enea Ferrario
Elenco: Gabriele Lavia, Anne Canovas, Paola Tanziani, Cesare Barbetti, Bob Tonelli Link de descarga Subtítulos en castellano Entrada en imdb
Puntaje: 8
Ay, estos muchachos bizarristas. Si leen los “user comments” y algunas “external reviews” en imdb verán que muchos consideran que Zeder, una de las pocas películas de terror que realizó el gran Pupi Avati, es una de las peores películas de la historia. Claro, juega un papel importante el “factor decepción”; la película fue estrenada en EE.UU. con el título Revenge of the Dead y en el afiche tenía a un zombie saliendo de una tumba. Y lo que gracias a una chantada de los distribuidores americanos (que tuvo repercusiones en todo el mundo incluso en la Argentina, ya que allá lejos y hace tiempo fue editada en VHS con el título La venganza de la muerte y con una tapa que parecía prometer tripas al por mayor) pasó como una típica película de zombies a la italiana en la línea de Fulci, Umberto Lenzi y aledaños, es algo completamente distinto. Pero decir que una película es mala porque no hay zombies o que es aburrida porque no tiene gore, o que se la descarte por una avivada de quienes la distribuyeron fuera de Italia es cualquier cosa.
Se trata de un caso raro para una película italiana de terror. Primero porque realmente hay una historia a seguir y esta es bastante complicada, lo cual la aleja del estilo habitual de “estilo sobre sustancia” del cine de terror italiano. La película parecería seguir más la línea de Jacques Tourneur (a quien se cita en una escena con pileta de natación que remite a Cat People). Aquí los pocos zombies que hay no son el imaginario habitual de un zombie post-Romero, se trata más bien de “muertos que vuelven a la vida” simplemente, y la película se concentra en la investigación de su protagonista, un escritor a quien su mujer le regala una máquina de escribir usada en cuya cinta encuentra datos de una investigación de su dueño anterior, que ahondaba en unas tales “Zonas K”, lugares donde el tiempo queda suspendido y pueden ser utilizadas para que los muertos vuelvan a la vida.
Decía que acá no hay nada de gore, y también hay un par de asesinatos, pero estos no son particularmente chocantes. Pero lo que sí hay es una sensación de peligro constante. Avati maneja el suspenso como pocos, y logra meter unos golpes de efecto de los buenos, de esos que no están forzados y logran sobresaltar en serio. La primera aparición de uno de los “muertos vueltos a la vida”, que se da al comienzo en un flashback que transcurre en Francia, es uno de los sustos más logrados que yo recuerde. Y lo interesante es que todo está hecho con muy poco, simplemente con la cámara donde tiene que estar, los actores posicionados donde tienen que estar y un efectito de sintetizador en la música que recuerda al que sonaba ante cada aparición de Michael Myers en Halloween. Momentos así hay varios en la película. El resto demuestra un excelente manejo de la información y del suspenso por parte de Avati. Toda la investigación del personaje, narrada en tono de film noir, resulta muy interesante y atrapa realmente. Si bien deja algunos cabos sueltos (y aquí, al contrario de la mayoría de las películas de terror italianas que no se apegan demasiado a lo narrativo, es necesario señalar estas incongruencias como falencias, ya que Avati eligió un estilo narrativo clásico), la película es un prodigio de la puesta en escena, y logra crear un clima de misterio que logra sostener todo el tiempo. La premisa es bastante original si tenemos en cuenta que la película fue estrenada un año antes de editarse la novela Cementerio de animales de Stephen King, con la cual guarda varios puntos de contacto. Así que si bien aquí dudo que podamos hablar de plagio por parte del gran Stephen, sí hay que decir que resulta algo sospechoso que el final de la película de Cementerio de animales, dirigida por Mary Lambert con guión de SK, que no estaba en la novela, sea exactamente idéntico al de esta película. Esto obviamente no desprestigia al gran film de Lambert, pero es bueno remarcarlo. Zeder es una muy buena película, sin duda, y si bien no está a la altura de La casa de las paredes que reían, la obra maestra de Avati no sólo en el género de terror sino en toda su filmografía (ya me ocuparé de ella), es una película no demasiado vista que es necesario descubrir.